UNA IGLESIA VIVA CON PASADO, CON PRESENTE Y CON FUTURO. Actualmente son ocho los grupos que constituyen la Parroquia de Santiponce: Cáritas, Pastotal de la Salud, Pastoral Familiar, Catequesis, Jóvenes, Grupo Parroquial Romeros de San Isidoro del Campo, Hermandad del Rosario , Hermandad del Rocío, Asociación del Sagrado Corazón y Asociación de la Santa Cruz.
¡¡¡¡Gracias Santidad!!!!
¡¡¡Gracias Santidad!!
domingo, 30 de mayo de 2010
Feria del Libro: Patio de los naranjos del monasterio.
viernes, 28 de mayo de 2010
La Hermandad del Rocío regresa al pueblo.
jueves, 27 de mayo de 2010
Hoy jueves entrada de la Hermandad del Rocío.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Triduo al Corpus.
Os comunicamos que el próximo jueves, viernes y sábado, primero de mes, tendrá lugar el Triduo al Corpus. El jueves y el vienes a las 8.30 hasta las 9 exposición del Santísimo. A las 9 la santa Misa. El sábado la Misa será a las 10.30. Una hora antes se Expondrá el Santísimo para la oración.
En la Misa del viernes, se celebrará el Sacramento de la Unción a las personas mayores y a los enfermos. Los que no puedan venir , que avisen al párroco para atenderlos en la casa.
La procesión del Corpus será el sábado por la tarde a las 8.30.
domingo, 23 de mayo de 2010
"Defender la vida siempre", carta pastoral (21-03-10)
Queridos hermanos y hermanas:
En noviembre de 2007, la Conferencia Episcopal Española, decidió instituir una Jornada específica por la Vida a celebrar todos los años el día 25 de marzo, fiesta de la Encarnación del Señor. Pocas fechas son tan aptas, pues el misterio de la Encarnación del Señor nos invita a considerar la grandeza y dignidad de la vida humana. En efecto, el Hijo de Dios comenzó su vida en la tierra en el seno de su Madre. Este misterio nos recuerda, pues, que la vida humana tiene un valor sagrado, que todos debemos reconocer, respetar y promover porque es un don de Dios.
Son muchas las amenazas que se ciernen sobre la vida: el hambre, que padece un tercio de la humanidad; la violencia doméstica y la muerte de tantas mujeres a manos de aquellos con los que compartían su vida; los accidentes de tráfico, consecuencia de la irresponsabilidad; los accidentes laborales que terminan en tragedia, fruto en muchos casos de un liberalismo económico desbocado; la tragedia del SIDA que llena de dolor a muchas familias; las drogas, que roban la libertad y arrancan la vida de tantos jóvenes; y sobre todo, el drama del aborto, que a su gravedad intrínseca, por ser la eliminación voluntaria y querida de un ser humano a petición de sus progenitores, se une la tragedia de su aceptación sin pestañear por una parte de nuestros conciudadanos en nombre del progreso y de la libertad de la mujer.
El pasado 4 de marzo, el Boletín Oficial del Estado publicaba la llamada Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, que en realidad no es otra cosa que una liberalización total del aborto, considerado como un derecho de la mujer, mientras se conculcan los más elementales derechos del hijo que lleva en sus entrañas. La norma entrará en vigor el próximo 4 de julio. Su carácter legal no le confiere el marchamo de moralidad, pues no todo lo que es legal es moral. El aborto es siempre una inmoralidad, no es progreso sino regresión. En realidad es un “crimen abominable”, como lo calificó el Concilio Vaticano II. Por ello, bienvenida sea la II Jornada de la Vida, que quiere ser una invitación a las comunidades cristianas a orar y proclamar el valor sagrado de toda vida humana desde su comienzo en la fecundación hasta su ocaso natural. De la oración debe brotar un compromiso decidido para sustituir la “cultura de la muerte” por una cultura que acoja y promueva la vida.
En su primera visita apostólica, en noviembre de 1982, el Papa Juan Pablo II nos dejó a los españoles este mensaje, que muchos años después no ha perdido actualidad: “Quien negara la defensa de la persona humana más inocente y débil, de la persona humana ya concebida aunque todavía no nacida, cometería una gravísima violación del orden moral. Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente. Se minaría el mismo fundamento de la sociedad”. Urge, por ello, que los católicos nos sensibilicemos ante este tema auténticamente mayor, que tratemos de sensibilizar a nuestros conciudadanos y que anunciemos a todos el Evangelio de la Vida.
En las últimas décadas ha crecido, gracias a Dios, la conciencia de la dignidad sagrada de la persona humana, pero de modo excesivamente selectivo. Todos abominamos de la tortura, de la pena de muerte y de la violencia contra las mujeres. Son muchos los voluntarios, sobre todo jóvenes, que se comprometen en el servicio a los pobres, aquí y en el Tercer Mundo. Aplaudo y apoyo las incitativas de los militantes de la HOAC cuando muere un trabajador en accidente laboral. Dios quiera que vaya creciendo también nuestra conciencia de que la vida debe ser promovida, tutelada y defendida en todas sus fases. En este sentido, respaldo y aliento a las instituciones, confesionales o no, que promueven iniciativas a favor de la vida y que ayudan a las madres en circunstancias difíciles para que acojan generosamente el fruto de sus entrañas.
Ruego a los sacerdotes que en la eucaristía del día 25 hablen del don sagrado de la vida y que organicen actos especiales de oración con esta intención. Ruego también a los catequistas, profesores de Religión y responsables de grupos y movimientos apostólicos que se impliquen en esta Jornada y que recuerden a todos que el derecho a la vida es el primer derecho fundamental. En diciembre de 2007, la Asamblea General de la ONU adoptó una resolución por la que se invitaba a los Estados miembros a instituir una moratoria en la aplicación de la pena de muerte. Dios quiera que llegue también el día en que el aborto sea suprimido de nuestras leyes y todos reconozcamos el inmenso y trágico error cometido en los siglos XX y XXI por la humanidad.
Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.
+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla
martes, 18 de mayo de 2010
Mes de Mayo: Mes de María.
Queridos hermanos y hermanas:
Os confieso que uno de los recuerdos más entrañables de mi infancia y de mis años de Seminario son las flores de mayo. Recuerdo con nostalgia los ramilletes de flores de humildes amapolas y lirios silvestres que nos preparaban nuestras madres para poner a los pies de la Virgen después de recitarle una sencilla poesía en la parroquia o el colegio. Recuerdo también las flores espirituales que los seminaristas recogíamos por
la mañana antes de llegar a la capilla, con un obsequio a la Señora, que depositábamos a sus pies y que a lo largo del día tratábamos de cumplir. Recuerdo, por fin, las sentidas consagraciones a María que hacíamos por cursos y la de todo el Seminario en el último día de mayo. Hoy muchas de estas prácticas devocionales han desaparecido y no deja de ser una lástima. Estoy convencido de que nos sirvieron muy mucho para enraizar en nuestro corazón la devoción y el amor a la Virgen.
En los últimos decenios, no han faltado quienes nos han
dicho, con palabras explícitas o con actitudes, que la devoción a la Virgen es algo poco recio, demasiado blandengue y sen- timental y, por ello, impropio de personas espiritualmente maduras. Algunos se han atrevido a afirmar que la devoción a María es algo accidental, un adorno del que se puede prescindir. Otros, por fin, han asegurado que el culto y el amor a la Virgen nos distrae y aleja de Jesucristo, el único mediador y salvador.
Ni qué decir tiene que estas afirmaciones no son verdaderas. La Santísima Virgen ocupa un lugar central en el misterio de Cristo y de la Iglesia y, por ello, la devoción y el amor a Santa María pertenecen a la entraña misma de la piedad cristiana. Ella es la madre de Jesús. Ella, como peregrina de la fe, aceptó humilde y confiada su misteriosa maternidad, haciendo posible la encarnación del Verbo. Ella fue la primera en admirar los milagros de su Hijo, la primera oyente de su palabra, su más fiel y atenta discípula, la encarnación más verdadera del Evangelio. Ella, por fin, al pie de la Cruz, nos recibe como hijos y acepta el dolor y la muerte de su Hijo y lo ofrece al Padre, convirtiéndose, por un misterioso designio de la Providencia de Dios, en corredentora de toda la humanidad. Por ser madre y corredentora, es medianera de todas las gracias necesarias para nuestra salvación, para nuestra santificación y para nuestra fidelidad, lo cual en absoluto oscurece o disminuye la única mediación de Cristo. Todo lo contrario, esta mediación maternal es querida por Cristo y se apoya y depende de los méritos de Cristo y de ellos obtiene toda su eficacia (LG 60).
La maternidad de María y su misión de corredentora no es algo que pertenece al pasado. Siguen vigentes, siguen siendo actuales: Ella, asunta y gloriosa en el Cielo, sigue actuando como madre, con una intervención activa, eficaz y benéfica en favor de nosotros sus hijos, impulsando, vivificando y dinamizando nuestra vida cristiana. Ésta ha sido la doctrina constante de la Iglesia, enseñada por los Padres de la Iglesia; vivida en la liturgia; celebrada por los escritores medievales y por nuestros más esclarecidos poetas; pintada o esculpida por nuestros mejores artistas, especialmente en nuestra Andalucía, tierra de María Santísima; enseñada por los teólogos y, sobre todo, por los Papas de los dos últmos siglos.
Por ello, la devoción a la Virgen, conocerla, amarla e imitarla, vivir una relación filial con Ella, acudir a Ella cada día, honrarla con el rezo del «Á gelus», las tres avemarías, el Rosario u otras devociones recomendadas por la Iglesia, no es algo accidental, de lo que podamos prescindir sin que se conmuevan los cimientos mismos de nuestra vida cristiana.
En la exhortación apostólica Marialis cultus, Pablo VI nos dejó escrita una frase que yo querría que se grabara en nuestros corazones: «Para ser auténticamente cristianos, hay
que ser verdaderamente marianos». Efectivamente, María es el Arca de la Alianza, el lu- gar de nuestro encuentro con el Señor; refugio de pecadores, consuelo de los afligidos y remedio y auxilio de los cris- tianos. Ella es la estrella de la mañana que nos guía y orienta en nuestra peregrinación por este mundo; Ella es salud de los enfermos del cuerpo y del alma. Ella es, por fin, la causa de nuestra alegría y la garantía de nuestra fidelidad.
Honremos, pues, a la Virgen cada día de nuestra vida y, muy especialmente, en este mes de mayo. Acudamos a visitarla en sus santuarios y ermitas con amor y sentido penitencial. Qué bueno sería que en nues- tras parroquias se restauraran las flores de mayo u otras devociones parecidas. El amor y el culto a la Virgen es un motor formidable de dinamismo espiritual, de fidelidad al Evangelio y de vigor apostólico. Que nunca nos acostemos tranquilos sin haber tenido un detalle filial con Nuestra Señora.
Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.
† Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla
jueves, 6 de mayo de 2010
lunes, 3 de mayo de 2010
Tocando para la Misa del alba de romeros de las 7.30.
Primer Domingo de Mayo: Nuestra Romería.
jueves, 29 de abril de 2010
La PROVIDENCIA.
Así se llamará el proyecto para ayudar a los ancianos de nuestro pueblo que ya les falta las fuerzas para valerse por sí mismos. Será una unidad de dia y una cocina donde se haga la comida y se lleva a cada casa que se necesite.Desde aquí hacemos una llamada a todo el pueblo de Santiponce para que colabore en éste hermoso proyecto en favor de nuestros mayores. El párroco es el encargado llevar adelante el mismo. Ponerse en contacto con él. Su correo es : isidorocampo@hotmail.com.
martes, 27 de abril de 2010
Sobre la pederastia.
1) El 0'450% ...! // Es psicológicamente peligroso el celibato sacerdotal Los casos de abusos sexuales de eclesiásticos suponen el 0,045% del total Hispanidad, viernes, 19 de marzo de 2010 Por supuesto que ningún caso de abuso sexual por parte de eclesiásticos es aceptable. Por eso Benedicto XVI ha decidido coger el toro por los cuernos e imponer orden. De la auditoría se desprenden 3.000 casos inaceptables. Aunque cuidado, de los 3.000, ‘sólo’ 300 son de pederastia, que es lo más inaceptable. Intolerable. En todo caso, según un informe publicado por el periodista italiano Luigi Accattoli, de los 210.000 casos de abusos sexuales registrados en Alemania desde 1995, 94 corresponden a personas e instituciones de la Iglesia católica. Es supone un 0,045% de los casos. ¿Por qué tanto ensañamiento? La Iglesia ha sido la gran opositora a la revolución sexual de 1968, por lo tanto, resulta más contradictorio. Además, da la sensación de que atizar a la Iglesia no es gratis, sino rentable. Pero conviene tener la realidad delante: la Iglesia no es fuente de abusos sexuales, el problema es mucho más amplio y la Iglesia participa con una gota insignificante. Aún así, inaceptable. Por eso es de agradecer la ‘operación limpieza’ llevada a cabo por Benedicto XVI. 2) Es el celibato la causa de la pederastia? "El celibato sacerdotal no es nada peligroso -sostiene el psiquiatra y catedrático de psicopatología de la Complutense, Aquilino Polaino-Lorente- porque quizás se compadece muy bien con lo que es la estructura antropológica realista de la condición humana. Tiene sus dificultades como es lógico puesto que la naturaleza humana está un poquito deteriorada y caída y hay que integrar todas las dimensiones. A mí me parece más peligroso el comportamiento sexual abierto, no normativo en que todo vale, creo que eso tiene consecuencias más desestructuradoras de la personalidad que el celibato bien vivido en plenitud, sin rupturas o quebrantos" 3) Del Cónsul General de España en San Petersburgo Ya estamos otra vez con los vomitivos ataques contra la Iglesia Católica con el pretexto de la pederastia y el celibato. Lo que más me molesta es que hay muchos católicos que les dan crédito. Supongamos que una abominable plaga se extiende por toda la Tierra. Supongamos que en algún lugar de ella hay un pueblo vegetariano que, por su alimentación y sus sanas costumbres, es más inmune a esa plaga que el resto de la Humanidad. Supongamos que, no obstante, la plaga es tan potente que acaba también por infectar a algunos miembros, pocos, de ese pueblo vegetarianao, y en mucha menor medida que al resto de la Humanidad, debido a su sano régimen de vida. Ante eso hay 4 posibles soluciones: 1.- Catalogar a los vegetarianos como especie depravada a suprimir. 2.- Denigrarles y obligarles a pedir perdón por vivir como viven, a que que coman y actúen como todos los demás, y a que renuncien a su sano régimen de vida. 3.- Extender a toda la humanidad los principios que gobiernan la vida sana de ese pueblo al objeto de aumentar poco a poco el nivel de inmunidad de todos. 4.- Apartar a los vegetarianos contaminados del resto de los vegetarianos, que son la inmensa mayoría de ese pueblo, y cuidar a estos como oro en paño, como único núcleo sano en torno al cual podrá ir formándose un grupo mayor y mayor, de forma que se recupere y reviva la humanidad entera. Por increible que parezca, en el caso análogo de la contaminación por la pederastia las opciones elegidas por los "gurus" de la prensa munduial han sido la 2 y la 1, por ese orden. De las opciones 3 y 4 ¡Ni flores! Y lo peor es que muchos católicos lo apoyan o se conforman con ello. Patético. Francisco Pascual de la Parte Cónsul General en San Petersburgo
lunes, 26 de abril de 2010
Misa de la Romería.
Hoy festividad de San Isidoro de Sevilla.
A las 7.30 dela tarde comenzará la Exposición del Santísimo hasta las 8.30 de la tarde que tendrá lugar la Misa Solemne de la fiesta de nuestro patrón San Isidoro del Campo.
EVANGELIO DEL DIA
Texto del Evangelio (Jn 10,1-10): En aquel tiempo, Jesús habló así: «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba.
Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».
COMENTARIO
Hoy continuamos considerando una de las imágenes más bellas y más conocidas de la predicación de Jesús: el buen Pastor, sus ovejas y el redil. Todos tenemos en el recuerdo las figuras del buen Pastor que desde pequeños hemos contemplado. Una imagen que era muy querida por los primeros fieles y que forma parte ya del arte sacro cristiano del tiempo de las catacumbas. ¡Cuántas cosas nos evoca aquel pastor joven con la oveja herida sobre sus espaldas! Muchas veces nos hemos visto nosotros mismos representados en aquel pobre animal.
No hace mucho hemos celebrado la fiesta de la Pascua y, una vez más, hemos recordado que Jesús no hablaba en un lenguaje figurado cuando nos decía que el buen pastor da su vida por sus ovejas. Realmente lo hizo: su vida fue la prenda de nuestro rescate, con su vida compró la nuestra; gracias a esta entrega, nosotros hemos sido rescatados: «Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo» (Jn 10,9). Encontramos aquí la manifestación del gran misterio del amor inefable de Dios que llega hasta estos extremos inimaginables para salvar a cada criatura humana. Jesús lleva hasta el extremo su amor, hasta el punto de dar su vida. Resuenan todavía aquellas palabras del Evangelio de san Juan introduciéndonos en los momentos de la Pasión: «La víspera de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, como hubiera amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin» (Jn 13,1).
De entre las palabras de Jesús quisiera sugerir una profundización en éstas: «Yo soy el buen pastor, conozco a las mías y las mías me conocen a mí» (Jn 10,14); más todavía, «las ovejas escuchan su voz (...) y le siguen, porque conocen su voz» (Jn 10,3-4). Es verdad que Jesús nos conoce, pero, ¿podemos decir nosotros que le conocemos suficientemente bien a Él, que le amamos y que correspondemos como es debido?
sábado, 24 de abril de 2010
Primera cena organizada por los Romeros de San Isidoro.
Triduo a San Isidoro.
miércoles, 21 de abril de 2010
La clases de religión en la escuela. Habla nuestro Arzobispo.
Queridos hermanos y hermanas: En las próximas semanas, muchos de vosotros tendréis que reservar plaza en los colegios públicos o privados para vuestros hijos de cara al próximo curso escolar y, en el caso de la escuela pública, se os preguntará si deseáis que vuestros hijos asistan a la clase de Religión y Moral católicas. Es éste un derecho fundamental que os garantizan la Constitución española y los acuerdos suscritos entre la Santa Sede y el Estado español. No se trata, pues, de un privilegio que se concede a los católicos, ni de una concesión graciosa del Estado. Como reconoce nuestra Carta magna, los padres tienen el derecho inalienable de elegir el tipo de educación que desean para sus hijos, sobre todo en el plano moral y religioso; derecho que los poderes públicos no pueden ni limitar ni suprimir sin incurrir en una arbitrariedad injustificable en un Estado democrático. Sería un
atropello. Esto supuesto, los padres
y los alumnos tienen derecho a que la enseñanza religiosa escolar se imparta en condiciones análogas a las de las demás áreas, sin introducir limitaciones o trabas que discriminen la impartición de esta enseñanza, que en ocasiones dan la impresión de querer asfixiarla, presentándola como si fuera una materia marginal y un peso añadido a la carga curricular. A pesar de todo, según datos recientes hechos públicos por la Conferencia Episcopal Española, tres de cada cuatro alumnos de la enseñanza pública optan por la clase de Religión porque, gracias a Dios, siguen siendo muchos los padres que entienden que la formación religiosa y moral forma parte de la educación integral de sus hijos.
No faltan quienes opinan que la escuela no es el lugar propio de la formación religiosa, que pertenece más bien al ámbito familiar o a la catequesis que ha de impartirse en la parroquia. Es la postura de quienes desearían que la religión fuera desalojada de la escuela pública. La familia y la parroquia tienen ciertamente un puesto insustituible en la educación cristiana de nuestros niños y jóvenes, como lo debe tener también la escuela si quiere educar integralmente a las nuevas generaciones. A veces, incluso en ambientes eclesiales, se aduce como razón fundamental para ello que sin un conocimiento riguroso del cristianismo y del Evangelio es imposible comprender nuestra historia, nuestra cultura, las manifestaciones artísticas, la pintura, la escultura, la literatura o la música, nacidas al calor de la fe. Es una razón válida, pero no la única, ni la más importante.
La formación religiosa escolar proporciona a los alumnnos el conocimiento de la verdad revelada sobre Dios, responde a las preguntas fundamentales sobre el sentido de la vida, nuestro origen y el destino eterno y trascendente del hombre, ofreciendo razo- nes sólidas para vivir, luchar y sufrir. La formación religiosa ofrece al alumno principios y criterios morales seguros de comportamiento para con Dios y para con el prójimo, tanto en el plano personal como social, en aspectos tan decisivos como la convivencia, el respeto por todos, la justicia, la entrega a los demás, el sacrificio, la fraternidad y el servicio, de forma que bien podemos decir que la educación religiosa escolar encierra un evidente valor social, pues ayuda a formar buenos ciudadanos, aspecto éste que nuestras autoridades deberían valorar como se merece. En el momento actual, cuando nuestra sociedad mira con preocupación la pérdida de valores morales y sociales de una parte de nuestra juventud, en la que con demasiada frecuencia surgen brotes de violencia (cuando no de delincuencia) que están en la mente de todos, es más urgente que nunca ofrecer a nuestros niños y jóvenes una sólida educación en los valores religiosos y morales. Esto es lo que puede ofrecer la enseñanza religiosa en la escuela, dentro del horario escolar y con la metodología propia de la enseñanza académica.
Con todo, lo más importan- te que la asignatura de religión puede brindar a los alumnos es el encuentro con Cristo, camino, verdad y vida de los hombres (Jn 14,6) y única esperanza para el mundo; el único que puede dar respuesta a las ansias infinitas de felicidad que bullen en los corazones de nuestros adolescentes y jóvenes, pues Cristo es «el centro de la humanidad, el gozo del corazón del hombre y la plenitud total de sus aspiraciones», como nos dijera en frase certera el Concilio Vaticano II (GS 45).
Por todo ello, invito a los padres católicos de nuestra Archidiócesis a inscribir a sus hijos en la clase de Religión, pues una buena formación religiosa y moral es la mejor herencia que pueden dejarles. Mi invitación se extiende a los jóvenes que cursan Bachillerato y que están en situación de optar por sí mismos. Invito, por último, a los profesores a tomarse muy en serio la responsabilidad que les encomienda la Iglesia. A ellos quiero manifestar mi afecto, aprecio y gratitud por la tarea que realizan, a veces con muchas dificultades.
Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.
† Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla
lunes, 19 de abril de 2010
Respaldo y bendición a la Parroquia.
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